Saturday, September 23, 2006

Los valientes de "la bola"

Friday, June 09, 2006

Novela

La Valentina, mito o realidad es una novela que consta de 25 capítulos. Es un personaje de la historia de México. Se investigó por más de dos años antes de darla por terminada. La inspiró la Coronela 2a de Caballería, mejor conocida como LA VALENTINA

Monday, May 29, 2006

La Valentina, mito o realidad by Peggy Bonilla


I wish this was a love store, but honestly, it is an ambivalent reality. You will find love and hate. Feelings that move the world
There is magic. It is not an ordinary story.
Our heroin always dreamed to be a religious catholic nun, she studied Sor Juana Ines de la Cruz, she wanted to be like her, she wanted to learn, to be educated, cultivated be someone to leave a mark in life, however, she had several problems, first and foremost that she was a WOMEN, the era she was borne, women were worth less than a horse, although her father was a printer, mainly printing press against Porfirio Diaz the Mexican President.
La Valentina, Fiction or Reality, It is a novel based upon a real person, that lived during the Mexican revolution and served Francisco Villa, El Centauro del Norte, as his mail man, spy, served as midwife for his multiple women, and executed any clandestine activities that Villa wanted her to do.
La Valentina was a socialist. An assassin at the age of 14.
She wanted to be the new Sor Juana Ines de la Cruz, she dreamed to be a nun, but the town priest raped her and she killed him with his own gun.
The fanatic, seeing their priest killed, hang her from the tree, right at the time when the rebels came to massacre the town, they took her from the tree. She survived and enlisted with the rebels in the year 1913 and a new chapter in her life begins side to side with Francisco Villa.
She participated in almost all the fights with Francisco Villa, at least 20. She will shoot her enemies on the head and would tell them coldly “go on, you created too many problems, God might keep you”
La Valentina lived more than 116 years, the last 5 in a nursing home in California.
Her greatest loves were Mexico, a General and a Yaqui woman soldier.
Her last words were” I have lived so long, it feels I was in the Noah Arch”
Many Mexican presidents met her and respected her like Porfirio Diaz, Francisco I Madero, Venustiano Carranza, Alvaro Obregon, Adolfo Ruiz Cortinez, Lazar Cardenas, Luis Echeverria.
She was close friend of governors like Xicotencatl Leyva Mortera, Ramon F Iturbide from Sinaloa, also General Hermenegildo Cuenca Diaz. She was among Mexican Revolution famous women that created fiction, reality, dreams, like Adelita, Marieta, Juana Gallo and other famous women colonel like Colonel Antonia. Women in the Mexican history that bear arms in 1910.
She wore her military clothes with her ensigns, hat with three stars. She was cremated and her ashes to blown to the four winds, symbolizing freedom, the way she enjoyed life.


Traducción del Lic. Eleazar Jimenez

Thursday, April 27, 2006

Capitulo II


En aparente calma, el pueblo de Topia, Durango, se resguardaba del frío, las chimeneas estaban encendidas, el cielo calmo y gris, amenazaba con dejar caer nieve, era enero de 1911.

Atardecía, y la mayoría de los habitantes estaban ante un humeante jarro de café o de atole; cabizbajo don Justo García, padre de cuatro bellas hijas, Guadalupe, Zenaida, Senorina y la pequeña Marianita.

Les decía a las mayores - de 15 y 17 años – cuando lleguen, al primero de los “alzados” que se te acerque, “quérelo” con ésta-, y les entregaba las armas, cargadas; - y seguía aconsejándolas- después úsenla con ustedes, serán momentos muy difíciles. Preferible la muerte.

A la pequeña, de 6 años, Mariana, le amarraba bajo las ropas de invierno, una “víbora” de cuero, con hebilla. Guardaban en las “alazanas” – así les decían- un poco de oro, producto de su trabajo, de su ahorro familiar. La revolución que empezaba alteraría la estructura familiar para siempre. Y con ello el rol femenino. Para disgusto de algunos hombres que se atreven a decir que se masculinizaron.

Desde tiempo atrás, les llegaban, aunque escasas, malas noticias. Que si los Yaquis, la matanza en Cananea, Sonora, el conflicto en Río Blanco, Veracruz, donde Lucrecia Torís ( la virgen roja) enfrentó al ejército federal. Se ponía cada vez más feo el ambiente. Parecía que estaban lejos de todo aquello; pero existía la posibilidad de ser arrastrados por ese estallamiento social.

¡La bola! ¡La bola! vienen los de la bola…se escuchaba de pronto el griterío y los cascos de las herraduras de los caballos retumbaban en las callecitas empedradas…voz que hubieran deseado no escuchar nunca, pero que ya esperaban con mal presagio.

Senorina y Marianita ya lo tenían planeado: se aventaron al pozo; sabían nadar, ojala se pudieran mantener a flote, su suerte en adelante sería un albur. Pero no las encontrarían esas aves de rapiña, del grupo armado que fueran.

Los templos y todas las casas serían objeto de saqueo, de incendio, al igual que los escasos comercios. Rifles, cuchillos, palos, azadones, hondas y picos, eran las armas de aquellos sucios, huarachudos y harapientos hombres, que en la mirada traían la consigna de muerte. Se jugarían el todo por el todo. Galopaba la chusma, y otros desalmados, que al abrigo de la revolución la habrían de convertir en una lucha sin sentido…

Buscaban mujeres, sillas de montar y comida. Cobijas y caballos. Armas. Y sólo era un pueblo de paso. La concentración iba rumbo a ciudad Juárez donde se reunirían todos los villistas. Apenas habían pasado algunos meses de que las revueltas iniciaran con tanto encono y ya los indios alzados parecían una horda de salvajes. Con o sin razón…

Desde un zaguán observaba con dejo de tristeza, el joven Ramón de 21 años, al mando de aquellos rurales, que pronto se unirían a la causa; a la de Madero y Pancho Villa unos y a la de Obregón otros, tiempo mas tarde. No rajarse era cuestión de hombres. Reborujados o no…en su lucha porque la situación cambiara.

-No me suelte la mano mijo-

-Hay que correr para el monte, donde no nos encuentren-.

Le decía al niño una atribulada y asustada madre, mientras no dejaban de correr despavoridos. Alcanzando a escuchar el sonido de una trompeta, señal de que llegaban a la localidad, serranos, laguneros y llaneros; sufrirían tal situación por más de diez años. Algunas importantes luchas u otras guerrillas aisladas.

La Revolución Mexicana llegó a todos los ámbitos, hasta al más distante del centro del país. Los corridistas darían cuenta de ello en sus letras, con testimonios a los que ponían música, sobre Generales famosos, en la rebelión armada más larga de la historia de México.

Me aseguraron que Valentina era de Ojuelos, Jalisco














Tropas llegando a Ciudad Juárez 1911
( foto del fotógrafo de la Revolución: Casasola)

Capitulo I

José Valentín miraba a su hija Valentina con gran amor y preocupación. Las cosas del gobierno no estaban bien. Ella era una pequeñita, habría que templarle el carácter, por lo que procuraba llevarla al corral de las chivas, para enseñarla a tomar de los cuernos a los animalitos; como si fueran sus rivales, en luchas de sobre vivencia.
Miró al cielo y pensó el hombre – va a llover – iremos después de la lluvia a buscar hongos para comerlos con jitomate y cebolla. Acompañados de algunas gordas. Cuando lo necesitaron, curaban las heridas con hierbas del campo, la enseñaba, conforme iba creciendo, para el mañana.
Fue diferente de otras niñas, nunca sumisa, no conoció el miedo a nada, no se asustaba ni con el petate del muerto. Sin perder su feminidad, correteaba por el campo, trepaba por árboles, jugaba entre pinos. Aprendió a montar a caballo como cualquier hombre.
Se convirtió en un ser valeroso, como su nombre: Valentina, que significa valiente. Aprendió a soñar, libre; a compenetrarse con la naturaleza. Sensible; a maravillarse con el arcoiris que sobresalía de los oyameles, sobre las confieras y árboles de la serranía, despues de los tormentones.
Abundaban los pájaros y nacían ahí las flores silvestres y exóticas, como si fuera una obra exquisita de un excelso pintor.
Pronto quedaría huérfana; su padre lo adivinó, -su inmediata preocupación últimamente era ella-, que ni siquiera supo, llegado el momento, donde quedó el cuerpo de su amado padre; tendría que huir la adolescente a salto de mata, en la oscuridad.
Seguía siendo una bella niña que creyó que por los caminos de dios, en su iglesia, encontraría la tranquilidad, en esa época tan utópica.
-¡...Ni te creo!

-No, no te creo.

-A ver, por qué no vienes y arreglas esto.

-¡Mira como se matan unos a otros!

-¿No dices que todos somos hermanos?

-Entiendo que así son las guerras,

-pero nunca comprenderé las razones...

-Y menos, por qué no haces algo;

- tú, que dicen eres todo poderoso.

-Cada vez estoy más segura:

-eres el más bello invento del hombre,

no lo creaste, él te inventó a ti, pues te necesitaba.

-Ándale, date una vuelta, si es que existes, por este mundo.

-Me volviste sorda y ya no te escucho...

¿Sin saberlo, y sin estar al tanto del porqué, me tienes en el infierno?

-¡Por algo te crucificaron!

Era el monólogo que sostenía Valentina, en el atrio de la Iglesia de San Juan Bautista, ante un Cristo que estaba en la pared, mientras sin darse cuenta, perplejo el sacerdote Damiano escuchaba.

Tan jovencita que era, apenas de catorce años.

-¿Por qué lo hiciste?

- Mataste al hermano Juan...

-¡Lo asesinaste!

¡Con su misma arma...

-…suéltala!

-Le gritaba el sacerdot-.

-Me rompió el vestido...me besaba.

-¡no le importó deshonrarme!

-Solo me defendí...

Desquebrajada la pequeña Valentina respondía

Quiso correr, huir, pero se petrificó.

Apresurados los vecinos del pueblo la entregaron a la autoridad, y sin más, colgaron el frágil cuerpo, que pendía grotescamente de la rama de un árbol, con una macabra soga enredada al cuello...

A lo lejos, como algo ficticio, y en lentitud, se distinguía el polvo que levantaban los cascos de los caballos de la tropa de caballería, cuando iban tras los rebeldes; tras los alzados, esos de la bola, a causa de la inconformidad creciente por los atropellos de los hacendados y de los caciques protegidos por aquel mal gobierno. Extendían una nebulosa polvorienta con tinte de irrealidad.

Abrazar a la muerte resultaría cotidiano, al compás de la guitarra y los corridos. Seres valerosos, al encuentro del fragor de las batallas, a causa de las luchas de clase. Contra la opresión. Rompieron el yugo del miedo.

Sería para vencidos y vencedores, el lastimero sonido de una corneta, quien daría el toque de retirada; la que facilitaba con esa tregua, para darse un tiempo y contar a sus muertos o curarles con hierbas las heridas a quienes salvaban la vida; al menos hasta el siguiente enfrentamiento.

Estallido de la Revolución Mexicana de 1910 que no acaba...

Me aseguraron que Valentina era de Sinaloa de Leyva.

Wednesday, April 26, 2006

La Valentina

Tuesday, April 25, 2006

Introducción de La Valentina mito o realidad

En nuestro México, antes de la Revolución Mexicana, y también ahora, en el Siglo XXI, ser mujer es y ha sido estigma; significa subordinación ante el hombre, por una mera postura machista.
Nada más hay que recordar a los sin ley, a las hordas de soldados y de todas las facciones en el conflicto armado de 1910, que nos ocupa, y por que no, otros, como fueron los Maderistas, Villistas, Carrancistas, Orozquistas, Huertistas, o Zapatistas, que saqueaban los pueblos por los que pasaban, cual Atila.
Violaban a las mujeres y se las llevaban para que cocinaran, sin importar edad y como instrumento sexual.
Así son las guerras, se excusarán, los que pretendan hacerlo.
Fueron utilizadas como objetos aquellas hembras, que para sobrevivir tuvieron que sacar la casta de valientes, cumpliendo también con actividades clandestinas, repartieron propaganda, transportaron armas, y llevaron a cabo tareas de espionaje.
Guerreras porque no había de otra, rudas, enfermeras, cocineras, y cantoras, amantes de sus hombres, de sus Juanes; ahora, las más, anónimas, olvidadas por la manipulada historia oficial. Escrita por los “vencedores”
Pese a todo, hay quienes no solo aceptaron el reto que significa nadar contra corriente, sino que se atrevieron a desafiar al tiempo...
Al toque de clarines y enarbolando banderas, entonaban...
♫ Con mi 30-30 me voy a marchar, a engrosar las filas de la rebelión, si mi sangre piden, mi sangre les doy, por los habitantes de nuestra nación ♫
Las soldaderas, desde cuando la mujer no tenía “permiso” para usar pantalón, comenzaron a vestir con las ropas de los hombres que caían en batalla, cambiando sus deshilachadas faldas y no significan un mito, como mucha gente cree, sobre todo los jóvenes; muchas Juanas Gallo, Jesusas, Cucarachas, Marietas, Marías Bandidas, Marías Pistolas, Adelitas, Gueras, Mariquitas, Rieleras,
Tequileras, Coronelas, Valentinas, y Panchitas; existen y existirán, son inmortales.
Las mujeres como personajes sobresalientes de la época revolucionaria, son ahora legendarias figuras, que convertidas en atemporales, y erguidas como lo hicieron, ante las lágrimas, frente a la muerte, el dolor, la incomprensión y oprobio por parte de la mayoría de los hombres que sobajaron su condición de mujer.
Una de ellas es la que ahora irrumpe en mi memoria. La indomable e increíble Valentina.
¿Fue correo, espía, amante de Pancho Villa, cuidadora de sus hijos o partera de sus mujeres? ¿O acaso todo ello?


Me aseguraron que Valentina era de Huitzila, Zacatecas.

La Guerrillera

Yo fui de esas soldaderas
que luchó con Pancho Villa
de aquella revolución
arrastrada por la causa
una bala muy certera
me quitó a quien yo quería
ya pa que seguir la vida
sin el dueño de mi amor
Yo soy aquella famosa coronela
que ascendieron a prueba de valor
me hervía la sangre
ante el fuego de metralla
me enardecía el rugido del cañón
En el pecho mis cananas
en el cinto mis pistolas
y montada en mi caballo
combatiendo estuve yo
En los campos de batalla
siempre expuse yo la vida
y la muerte entre las balas
sólo a mi me despreció

Himnos de la Revolución, los corridos nos cuentan y cantan del hacer y el sentir de quienes participaron en ella.

Novela del personaje histórico de la revolución

-Me debe mucho la Revolución, porque me dejó huérfana de historia, no se dónde está la tumba de mi abuelo, ni tampoco si tuvo la desdicha de merecer fosa común.
Quizá fue de los colgados, en aquellos árboles de los aciagos caminos de Zacatecas, quien junto con muchos otros campesinos, por gracia de dios, cuerpos ya sin espíritu, que pendían inhumana y macabramente de una soga.
En hilera, colgaban a esos desventurados, la mayoría campesinos en postes y árboles de aquellos amargos caminos. Apresados, por su participación en revueltas, previas a lo que sería la batalla más sangrienta de la revolución, la toma de Zacatecas.
Imagino su lengua de fuera, amoratado, vestido de largo calzón blanco, con la cara de lado, tieso, pero lleno de harta dignidad, colmado de cansancio por la opresión de los “de arriba”.
Y yo sigo viéndolo a través de los siglos…
...Sigue todo igual.
¡Perder la vida a lo pendejo!
Sin que nadie los recuerde.
Ni tampoco entienda bien el significado de la Revolución.
Por eso heme aquí, heredera de revoluciones frustradas, fascinada por una insurrecta que nunca logró reconciliarse con su sexualidad, aunque si con la existencia misma.
La fabulosa Coronela, frágil en apariencia y con temple de acero, que no tuvo debilidades, quizá sólo a Ramón y Raquel.

Peggy Bonilla